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PARTE 2ª. APARTADO 10.

INTENTA CREER EN TU TRANSCENDENCIA

A. Las ventajas del que cree que no muere con la muerte.

 

Desde que comienzo a ser consciente, a constatar que no soy “mi cuerpo”, sino que soy el testigo de lo que pasa por mi conciencia, empiezo a preguntarme quién soy yo, quién es ese testigo. La respuesta a esta pregunta es muy importante, ya que la creencia en mi transcendencia (en que no muero al morir mi cuerpo), sea o no cierta, puede reportarme grandes ventajas. A esa creencia puede llegarse también a través de la religión, que es, con mucho, el camino más frecuente.

 

Si tengo fe en que formo parte de un todo transcendente, entonces, sufro y hago sufrir menos. Sufro menos (siento menos miedo, ira o tristeza) porque me importa menos perder lo que tengo u obtener lo que no tengo, al minimizarse la importancia del presente e incluso de la propia muerte; dicho de otra manera, soy más feliz porque estoy menos apegado a mí mismo, lo mío y los míos. Hago sufrir menos porque soy más compasivo; tiendo a compartir -en vez de luchar- con un prójimo al que me siento unido en la transcendencia. Todo ello es debido, básicamente, a que la fe en la trascendencia implica una reducción del ego: valoro menos mis posesiones y aspiraciones, mis pérdidas y ganancias, si creo que mi vida actual es una “situación transitoria” y, sobre todo, si creo que todos tenemos una naturaleza común y formamos parte de un todo transcendente.

 

La reducción del ego tiene una importante ventaja adicional, en el contexto de este libro: cuanto menor sea el ego, más fácil será aplicar las reglas de comportamiento expuestas en los apartados anteriores, ya que más fácil será adquirir el hábito de la consciencia.

 

B. Busca la fe en tu transcendencia, si es que no la tienes.

 

La creencia de ser parte de un todo transcendente solo orientará mis actos si tengo verdadera fe en ella, si me sale del corazón y no solo del intelecto; solo un “apego espiritual” (una creencia sentida) tendrá una influencia efectiva sobre mi comportamiento; de ahí, la importancia de las vivencias espirituales satisfactorias1 que necesariamente tienen que producirse para que se conformen tales apegos. En último término, el problema de cómo amar / apegarme a algo tiene, como única solución, la contestación previa a la siguiente cuestión ¿qué hago para comenzar a disfrutar de ese “algo”? En el caso que nos ocupa, ¿qué hago para intentar sentir la armonía de lo que veo y sentirme en armonía con lo que veo?  

 

La respuesta a esta pregunta está contenida, en esencia, en la regla de comportamiento explicada en el apartado 4 (cuando puedas, observa lo que te rodea, atentamente y sin prisas) que adquiere, por eso, una máxima importancia. Si somos capaces de cambiar nuestro modo de ver el mundo, observándolo con una mirada nueva, consciente,  “inocente” y compasiva, entonces podremos:

 

  1. entender el significado profundo de lo que ocurre y de lo que nos ocurre,
  2. emocionarnos al admirar la belleza de lo que nos rodea y de lo que somos, y
  3. actuar espontáneamente compadeciéndonos del prójimo inconsciente y de todo ser sufriente, incluidos nosotros mismos, alineándonos con el flujo de la vida, en vez de luchar en defensa de nuestro ego.

1 Que pueden ir desde la simple satisfacción sentida tras realizar una “buena obra”, hasta las más intensas experiencias místicas o religiosas. Cuando una única experiencia produce una transformación radical del comportamiento suele hablarse de “iluminación”.

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