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PARTE 2ª. APARTADO 1.

¿QUÉ HAGO AHORA, MAÑANA Y CON EL RESTO DE MI VIDA?

A. ¿ Qué quiero hacer con mi vida y qué voy a hacer mañana?

 

En general, curiosamente, la gente piensa mucho antes de tomar decisiones de mediana importancia y se deja llevar por los acontecimientos ante las de mayor trascendencia. Para elegir casa, coche o, incluso, un traje, se valoran los pros y contras de cada opción; sin embargo, paradójicamente, es frecuente llegar al matrimonio por una concatenación de circunstancias fortuitas, sin previo análisis de compatibilidad caracterológica. Si a alguien le dicen que dispone de 50 millones para gastar, es probable que reflexione mucho antes de hacerlo; pero pocas son las personas que piensan qué quieren hacer con los 50 años de vida que les quedan. Es como si creyéramos, inconscientemente, que no somos dueños de nuestro destino, por lo que no vale la pena intentar controlarlo; lo que resulta ser verdad, por cierto, si somos unos autómatas. Dejar de serlo debería de ser nuestro primer y fundamental objetivo aunque, no tiene por qué ser el último ni suponer un drástico cambio de vida.

 

Hay que recordar que lo que se busca, en último término, es sufrir y hacer sufrir menos. Para ello, lo único que puede hacerse es intentar incrementar nuestra vida consciente y, paralelamente, conocer y minimizar nuestras compulsiones, que conforman la jaula que nos aprisiona. Se trata de una jaula invisible, ya que las compulsiones suelen ser inconscientes; por eso, uno de los propósitos que orientan las reglas de comportamiento que se presentarán en los siguientes apartados es el de hacer visible esa jaula, hacer que nos demos cuenta de cuáles son nuestras principales compulsiones y de cómo nos atenazan, para reforzar así nuestro deseo de controlarlas y minimizarlas.

 

Como ya se ha dicho, el hecho de que dejar de ser autómatas pase a ser un “objetivo vital” no supone tener que realizar importantes modificaciones en nuestras actividades diarias1, aunque sí puede conllevar importantes cambios de actitud, como se verá en el siguiente apartado. Esto quiere decir que, para determinar qué actividades tengo que realizar mañana -o el mes que viene-, haré lo mismo que venía haciendo hasta ahora: planificarlas lo mejor posible. Es probable, sin embargo, que al incrementarse nuestra capacidad de actuar conscientemente vaya originándose un nuevo “objetivo vital” -como se explica a continuación-, y nuestras metas y acciones cambien en consonancia.

 

“Minimizar mis compulsiones” significa reducir mi ego, ese conjunto de bienes que mis compulsiones me incitan a obtener y mantener. “Ser consciente” supone (entre otras cosas) dejar de identificarme con mi ego. Dejar paulatinamente de ser un autómata (reducir mis compulsiones y ser cada vez más consciente) supone, por tanto, que ese ser inconsciente y egocéntrico, apegado a los bienes, al que llamamos ego, va siendo sustituido por un ser consciente y exocéntrico2, en el que el instinto compasivo, que es innato, juega un papel cada vez más importante.

 

B. ¿Pero, qué tengo que hacer ahora mismo? ¿Y cómo lo hago?

 

La decisión de realizar ahora una cierta actividad puede haberse tomado de antemano o ser fruto de las circunstancias del momento. En ambos casos, la regla aplicable a la toma de la decisión (apartado 2) es la misma: no te olvides del mañana al decidir lo que vas a hacer hoy; como se verá luego, esta regla tiene múltiples implicaciones.

 

En muchos casos, la actividad que se ha decidido hacer (estimar unos gastos o jugar al tenis, por ejemplo) requiere nuestra plena atención; la regla aplicable a estos casos se presenta en el apartado 3 (lo que hagas, hazlo lo mejor posible, atentamente y sin prisas). Cuando lo que hacemos no requiere toda nuestra atención (pasear o almorzar con unos amigos, por ejemplo) conviene que aprovechemos esta circunstancia, tal como se explica en el apartado 4 (cuando puedas, observa lo que te rodea, atentamente y sin prisas).


Al ser animales grupales, las relaciones socio-afectivas constituyen una necesidad y una parte esencial de nuestras vidas. El simple hecho de estar con otras personas suele despertar el deseo de ganarnos su consideración y aprecio; conscientemente o no, intentamos proyectar una imagen mejorada de nosotros mismos que, a veces, incluso llegamos a creernos. A la vez, observamos y juzgamos la conducta de los otros, a menudo, con dureza. Para su aplicación en este contexto social se formulan dos reglas: la primera (apartado 5) se refiere a nuestro comportamiento (no te engañes ni intentes engañar al prójimo para ganártelo); la segunda (apartado 6), a nuestra reacción frente al comportamiento ajeno (comprende y compadécete del prójimo, tan autómata como tú).   

 

Nuestras conductas y actividades “físicas” resultan de ciertos procesos psíquicos en los que se combinan actividades emocionales y mentales. Controlarlas debería ser el objetivo principal de toda persona que quiera dejar de ser un autómata; ese es el propósito de las reglas que se exponen en los apartados 7 (conoce y controla tus emociones y tu ego) y 8 (conoce y controla tu mente: piensa solo cuando sea rentable).

 

Las siete reglas que acaban de presentarse (una para la decisión y seis para la acción), que se explicarán ampliamente en los próximos apartados, son fáciles de comprender y, también, de aplicar, ya que cada una de ellas se refiere a una situación o circunstancia concreta. Además, en el apartado 9 se presenta un resumen articulado de las mismas y un ejemplo que muestra cómo pueden aplicarse conjuntamente.


1 Más allá de introducir alguna actividad específica, como la meditación, por ejemplo.

2 Al que, por contraposición al ego, podría denominarse “exo”.

COMENTARIOS
13/11/2014
Pablo Orofino
Voy a poner en práctica este capítulo: Ahora, voy a daros la enhorabuena por este trabajo que no... (más)
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